jueves, 3 de febrero de 2011

Barbacoa en casa de Carlos y Maggie. 31.01.11

Vistas desde casa de Carlos y Maggie.

Hoy es un buen día, los nenes se han despertado locos de contentos porque saben que nos vamos a la granja de nuestros amigos Carlos y Maggie, además también vamos a juntarnos con Berni y con Stefan.
Noah cuando se ha despertado me ha dicho “¿mamá podré jugar con la mesa de billar de Carlos y Maggie?” y yo como hago siempre le digo “sí, claro que podrás pero se lo tienes que decir así: Could I play whit your pool, please?” y Noah se me queda mirando y me dice ¡mamá pero si ellos hablan español! Para él era ir a casa de un amigo que tiene un montón de juguetes (ya que tienen intactos los juguetes de sus tres hijos, que ahora tienen entre 24 y 30 años), un montón de vacas, gallinas, 18 hectareas con arroyos, bosques etc. ¡y encima hablan español! Así nos pasó... que llegábamos allí a las 12 a.m y nos volvíamos a las 7,30 p.m. ¡con los dos llorando a moco tendido!

Noah jugando al billar, un poco alta la mesa pero no hay obstáculo para un Hernández; que cabezones somos.


Cuando llegamos Carlos y Maggy nos estaban esperando con los juguetes para los nenes, la mesa de billar y una suculenta ensalada de patatas, cebollino, menta... todo recién recolectado de su huerto. Nosotros les ofrecimos ensaladilla rusa, Tabulè, un flan de naranja y queso y otro de café con el que al parecer quedaron muy satisfechos.

Mirar que pinta, se me hace la boca agua.... que bueno. Unos artistas los chefs que tuvimos.

Comenzaron a hacer una barbacoa que no se la podría comer ni Carpanta, pusieron alitas de pollo, hamburguesas caseras (hechas por ellos), spanish chorizo (de Casademont), y unas salchichotas gordas que estaban deliciosas también, vamos que nos pusimos como el kiko.
A los nenes, como no comen de todo eso le hicimos un plato de pasta y se lo comieron muy contentos.

A los chicos les pusimos a Alfa para que los controlará que se comieran toda la comida.

Justo después de la comilona nos fuimos a pasear para ver los árboles autóctonos que crecían por la zona, vimos un par de árboles llamados Kauri (o algo parecido) estos árboles llegan a crecer hasta 60 metros de alto y unos 15 metros de diámetro o más. Cuando vallamos al Norte de la isla de Nueva Zelanda os enseñaremos el Kauri más grande que se ha descubierto en NZ, tiene más o menos las medidas que he dicho antes.

Hay que llenar bien la pancha para luego poder caminar un ratito.

Es increíble el trabajo que ha hecho Carlos en dos semanas, ha construido un acceso para bajar por la ladera de la montaña hasta donde ordeñan las vacas y así ahorrarse dar toda la vuelta por el camino.
En este tiempo ha sido capaz de hacer un camino y asegurarlo con maderas, y como podéis ver en las fotos cuando hay un obstáculo lo mejor es cortarlo o incorporarlo al camino.

Antes del inicio del trekking, una foto con botas y a lo loco.

Para realizar la caminata, Carlos y Maggy nos dejaron unas botas de agua a cada uno porque teníamos que pasar por los riachuelos y por las minas anti-personas que iban dejando las vacas... más abajo podréis ver la estampa de todos con las botitas.

Aquí podéis ver el claro ejemplo de integrar un árbol caído en el camino, que nos hace de escalera.

En este caso si molesta pues lo cortamos y ya esta.

El trekking nos duró mas o menos una hora y recorrimos gran parte de su finca, e incluso pudimos ver como Ana es capaz de hundirse en el arroyo hasta la rodilla y con Noah en brazos y salir como una reina; con todo el pantalón sucio pero con su imperturbable humor y una sonrisa de oreja a oreja.
Es divina.....

Este árbol de la izquierda, pequeñito ahora es un Kauri; le queda un poquito pero se hará enorme.

Uno de los arroyos que cruzan la finca de Carlos.

En el trascurso del trekking Carlos nos ha ido informando y enseñando todas las plantas, arbustos y arboles característicos de New Zealand; al final del camino nos hemos acercado al espacio que tienen reservado para ordeñar automáticamente a las vacas y nos ha estado enseñando y hemos estado comprobando de primera mano como se hace el trabajo de ordeñar a unas 250 vacas.

Momento en que Ana ha podido salir de las fauces del barro y el agua.

Incluso Carlos nos ha dejado a Noah y a mí comprobar como succiona una de las ventosas que les ponen en las ubres, le he metido el dedo y es muy divertido como te va succionando; estas se las ponen a las vacas y lleva un sistema que cuando la cantidad de leche que succiona no es la correcta se desconecta automáticamente y la vaca queda libre de las ventosas.

Aquí podéis ver a Carlos en pleno trabajo, enseñándonos como se ponen los succionadores.

Las chicas en el foso riéndose de ver a la vaca cagándonos a Noah y a mí, mientras ellas taponan nuestra escapatoria.
Aquí empezaban a salir las vacas que habían terminado su trabajo.

Pero estar en este foso tan cerca de tanto culo de vaca, a una altura mas o menos por encima de mi cabeza es peligroso; ya que cuando alguna empieza a bombardear es imposible escapar de su trayectoria a tiempo.
A si es que la mierda en mi pantalón ha sido un fallo para la vaca y una alegría para mí, que si no me llega a avisar Zoe me hubiera caído encima seguro.

Anita en plena limpieza de barro, es guapa hasta llena de barro esta mujer.

Bueno hemos dejado de molestar a las vacas y hemos realizado el camino de vuelta a la increíble casa de Carlos y Maggie en lo alto de la colina, con unas vistas impresionantes como podéis ver en las fotos; y allí nos esperaba un café, té y los flanes de café y queso que había preparado Ana.

La entrada a casa de Carlos y Maggie esta custodiada por dos dioses maories.


Noah y Zoe han estado jugando con un cubo lleno de piezas de Lego; que ha sido un gran acierto porque han estado ni mas entretenidos mientras tomábamos el té y charrábamos un poquito.

Tras el te de las 5, Stefan y Bernie se han tenido que marchar y nosotros hemos empezado a recoger cosas también porque los chicos empiezan el colegio al día siguiente; no sin antes ir a dar de comer a las gallinas y recoger la puesta de huevos.

Nuestras amigas las gallinas, las vamos a engordad con tanta comida.

Al final Carlos y Maggie nos han regalado, huevos, patatas frescas y calabacines; agradeciéndoles el estupendo día que nos han dejado pasar con ellos y lo mucho que nos han enseñado nos hemos vuelto a casa con los dos chicos llorando que no se querían ir y que querían volver al día siguiente.

Un saludo amigos y seguimos otro día más.

Toda la familia en pleno trekking.......


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